Una forma de disfrutar esas tardes de lluvia en Ciudad de México.
Una botella de los vinos de Bodegas Cepa 21 para cada ocasión.
Cada año, la Ciudad de México vive con la falsa esperanza de que durante el verano los días sean perfectos. Que el sol salga y se quede despejado para darnos una tarde calurosa y atardeceres románticos entre calles con siglos de historia.

La realidad es que en esta ciudad llueve más que en Londres, solo que a diferencia de la capital inglesa donde puede caer una ligera brisa durante todo el día, aquí el agua se concentra sobre todo durante las tardes, irónicamente, es justo cuando la gente cierra sus laptops y está lista para relajarse..
Eso no significa que no lo hagan, pero tal vez es momento de aceptar que esta ciudad siempre se moverá a su propio ritmo y en vez de luchar contra ello, es mejor ir con la corriente. Bodegas Cepa 21 —el proyecto de José Moro en Ribera del Duero— sabe que lo mejor que se puede hacer es buscar el mejor refugio, abrir una botella y disfrutar de sus notas mientras vemos la lluvia caer por la ventana. Estos vinos tienen el poder de transformar cualquier tarde lluviosa en un momento inolvidable.

El primero que se abre
Para esas tardes en las que la lluvia empieza casi sin avisar y lo único que se planeaba era quedarse en casa, Hito Tinto es de los que no piden permiso. Cereza, grosella, un paso ligero y taninos suaves que no exigen nada más que una copa y ganas de no moverse del sillón. Va bien con lo que ya había en el refrigerador: un queso, algo de pan, eso que ya comiste y que de pronto sabe mejor.
El que se queda en la mesa
Si la lluvia se instala y con ella llega el antojo de cocinar algo que tome tiempo como una pasta o algo que se sirve humeante, ahí aparece Cepa 21. Un vino que sabe a fruta negra, especias, un fondo de madera bien integrado; es el que acompaña sin interrumpir. Una botella que se convierte en el centro de la mesa y que en un día gris da estructura a una tarde que, de otro modo, se sentiría desordenada.

Cuando la lluvia da tregua
No toda la temporada es agua constante. A veces la lluvia hace una pausa a media tarde, el cielo se abre por un rato y hay quien aprovecha esa ventana para sacar una silla al patio o asomarse al balcón antes de que vuelva a caer. Para esos paréntesis breves, Hito Rosado es la opción: frutos rojos, un toque floral y una acidez que refresca de manera sutil. Un vino que da tregua en medio de las tormentas.
Cuando la lluvia se pone seria
Hay tardes en las que ya no es una llovizna pasajera, sino esas horas largas de agua constante contra la ventana. Para esas, Malabrigo. Cacao, tabaco, especias dulces y una textura que se siente casi como una cobija. Es el vino que pide, desde el platillo más complejo como un mole, hasta lo más efímero como un chocolate o simplemente el tiempo suficiente para no tener prisa por terminarlo.
El que se guarda para pocas veces
Y luego están esas tardes que no se repiten: la lluvia como telón de fondo de una conversación que se estira, un libro que por fin se termina, un silencio compartido que no incomoda. Horcajo, con su final largo y casi contemplativo, es el vino de Cepa 21 que mejor entiende ese tipo de pausa. No acompaña el momento: lo prolonga.
“Queremos romper paradigmas en Ribera del Duero, apostar por la elegancia, la sutileza y una frescura que conecte con los nuevos paladares, sin olvidar nunca de dónde venimos. México nos inspira porque aquí el vino se vive con pasión poco antes vista en Latinoamérica, y eso es exactamente lo que queremos seguir transmitiendo: vinos que emocionan, que cuenten una historia y que acompañen los mejores momentos.” — José Moro
Porque al final, en esta ciudad no siempre se puede elegir el clima, pero sí se puede elegir cómo recibirlo. Y a veces basta una copa bien servida para que una tarde lluviosa deje de sentirse como un obstáculo y se convierta en el mejor pretexto del día.

