¿Sientes que todo da vueltas? El vértigo aumenta con la edad y puede afectar seriamente el equilibrio

 El Dr. Francisco Javier Saynes Marín, expresidente de la Sociedad Mexicana de
Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, destaca que identificar
correctamente el origen del vértigo es fundamental para diferenciar alteraciones del oído
interno de problemas neurológicos.
 El vértigo y los trastornos del equilibrio se vuelven más frecuentes con la edad y
representan un problema especialmente relevante en los adultos mayores por su
asociación con inestabilidad, caídas y pérdida de autonomía.

Sentir que la habitación gira, perder
momentáneamente el equilibrio o experimentar una falsa sensación de movimiento son
manifestaciones características del vértigo, uno de los motivos frecuentes de consulta
médica y un problema cuya incidencia aumenta conforme envejecemos.

Aunque suele utilizarse como sinónimo de mareo, no son exactamente lo mismo. El
mareo puede describirse como aturdimiento, inseguridad o inestabilidad; el vértigo, en
cambio, es una ilusión de movimiento, en la que la persona siente que ella misma o el
entorno están girando o desplazándose sin que realmente ocurra.
El Dr. Francisco Javier Saynes Marín, expresidente de la Sociedad Mexicana de
Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, explica que existen numerosas
enfermedades capaces de producir este síntoma, por lo que determinar su origen resulta
fundamental.
“Desde el punto de vista clínico, una de las primeras decisiones es establecer si estamos
frente a un vértigo periférico, relacionado principalmente con el oído interno y el sistema
vestibular, o ante un vértigo central, cuyo origen se encuentra en el sistema nervioso. Esta
diferencia cambia por completo el abordaje del paciente”, señala el especialista.

La edad, un factor importante
Con el paso de los años, los sistemas responsables del equilibrio también envejecen. Se
producen cambios en el oído interno, la visión, la sensibilidad de músculos y
articulaciones y en los mecanismos cerebrales encargados de integrar toda esta
información. Por ello, el mareo, el vértigo y la inestabilidad son particularmente frecuentes
entre los adultos mayores.
Además de las enfermedades vestibulares, en este grupo de edad pueden coexistir
alteraciones visuales, cardiovasculares, neurológicas, metabólicas y efectos secundarios
de medicamentos, lo que convierte al trastorno del equilibrio en un problema multifactorial.
Su importancia va más allá de la sensación de movimiento: la inestabilidad incrementa
el riesgo de caídas, y una caída en un adulto mayor puede ocasionar fracturas,
hospitalización, pérdida de independencia y deterioro significativo de la calidad de vida.

No todos los vértigos son iguales
El vértigo periférico es el más frecuente y se origina principalmente en estructuras del
oído interno. Puede producir episodios intensos acompañados de náusea, vómito,

sudoración y, dependiendo de la enfermedad, síntomas auditivos como disminución de la
audición, sensación de oído tapado o acúfenos.
Entre sus causas destaca el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), que
provoca episodios breves al realizar determinados movimientos de la cabeza, por
ejemplo, al acostarse, levantarse o girarse en la cama. Otra causa conocida es la
enfermedad de Ménière, caracterizada por crisis recurrentes de vértigo asociadas con
alteraciones auditivas.
El vértigo central, por otra parte, puede estar relacionado con enfermedades que afectan
el cerebro o el cerebelo. Aunque es menos frecuente, identificarlo oportunamente resulta
fundamental debido a que algunas de sus causas requieren atención urgente.
¿Cuándo debemos preocuparnos?
La valoración comienza con una historia clínica detallada y una exploración dirigida del
oído, los movimientos oculares, el equilibrio, la marcha y el sistema neurológico. Pruebas
clínicas como la maniobra de Dix-Hallpike permiten diagnosticar algunos tipos de vértigo
posicional, mientras que las maniobras de reposicionamiento, como la de Epley, pueden
utilizarse para su tratamiento.
No todos los pacientes necesitan estudios de imagen. La tomografía o la resonancia
magnética se reservan principalmente para situaciones en las que existen datos clínicos
que hacen sospechar una causa neurológica u otra enfermedad que requiera estudiarse
con mayor profundidad.
“Un episodio de vértigo no debe minimizarse, particularmente cuando aparece por primera
vez, es persistente o se acompaña de otros síntomas. Si junto con el vértigo existe visión
doble, dificultad para hablar, debilidad o pérdida de sensibilidad en alguna extremidad,
incapacidad importante para caminar, alteraciones de la coordinación o un dolor de
cabeza súbito e intenso, se requiere valoración médica inmediata”, advierte el Dr. Saynes
Marín.
En los adultos mayores, incluso los episodios aparentemente leves merecen atención.
Mantener sano el sistema del equilibrio, identificar enfermedades asociadas y realizar
rehabilitación vestibular o ejercicios específicos cuando están indicados puede ayudar a
conservar la movilidad, reducir el riesgo de caídas y mantener la independencia.

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