En el marco del Día del Niño, especialistas en nutrición y desarrollo comunitario destacan la
importancia de involucrar a niñas y niños en actividades cotidianas que les permitan comprender
el valor de los alimentos y evitar su desperdicio.
De acuerdo con organismos internacionales, una parte importante de los alimentos que se
producen en el mundo se pierde o desperdicia cada año, lo que también implica un uso
innecesario de recursos como agua, energía y suelo. Frente a este panorama, fomentar hábitos
responsables desde la infancia puede marcar una diferencia a largo plazo.
Aunque el tema puede parecer complejo, la realidad es que este aprendizaje puede comenzar con
acciones simples dentro del hogar.
1) Cocinar con lo que ya hay en casa
Involucrar a los niños en la preparación de alimentos es una de las formas más efectivas de
generar conciencia. Una práctica sencilla es enseñarles a identificar qué ingredientes ya están
disponibles en el refrigerador y cómo pueden utilizarse antes de pensar en comprar más.
Por ejemplo, verduras que están por madurar pueden convertirse en una sopa, mientras que
alimentos del día anterior pueden transformarse en nuevos platillos. Este tipo de decisiones
ayudan a que los más chicos entiendan que la comida no se desecha fácilmente.
2) Aprovechar las sobras
Lejos de ser un problema, las sobras pueden convertirse en una oportunidad para enseñar
creatividad en la cocina. Desde reutilizar arroz o verduras hasta integrar distintos ingredientes en
una nueva preparación, estas acciones les permiten ver el aprovechamiento como algo natural.
Además, los involucra en la toma de decisiones, fortaleciendo su relación con la comida.
3) Involucrarlos en pequeñas decisiones
Permitir que los infantes participen en decisiones simples, como elegir porciones adecuadas o
servir su propia comida, puede ayudar a reducir el desperdicio desde el origen. Cuando tienen
mayor control sobre lo que consumen, es más probable que desarrollen una relación más
consciente con los alimentos.
Pequeñas acciones, grandes cambios
Más allá de las grandes soluciones, fomentar hábitos como aprovechar los alimentos, planear su
consumo o involucrar a los niños en la cocina puede ser el primer paso para reducir el desperdicio.
En este sentido, programas como Saber Nutrir han demostrado que, al acercar la educación
alimentaria a las comunidades y promover el uso responsable de los recursos, es posible generar
cambios sostenibles desde la vida cotidiana.
Porque cuando este aprendizaje comienza en casa, también puede convertirse en una
herramienta para formar generaciones más conscientes, responsables y comprometidas con su
entorno.

