Día Mundial de la Educación Ambiental: llamado a una agenda pública activa para un mejor futuro.

En México se generan alrededor de 120 mil toneladas de residuos al día, pero solo 3 de cada 10
personas separan sus desechos, de acuerdo con el Estudio Nacional sobre la Cultura del Reciclaje

  1. Este escenario cobra especial relevancia en el marco del Día Mundial de la Educación
    Ambiental, que se conmemora el 26 de enero, y deja en evidencia un reto impostergable: avanzar
    hacia una mayor cultura ambiental, pero con el respaldo de una agenda pública activa capaz de pasar del discurso a la acción.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha sido claro en este tema,
señalando que las políticas ambientales difícilmente prosperan si no están acompañadas de
conocimiento, información y valores ecológicos. Además, deben diseñarse e implementarse
considerando el contexto social, económico y cultural de cada país. Bajo este criterio, México aún
tiene un largo camino por recorrer.

¿Por qué es relevante considerar las particularidades de los contextos que señala PNUMA? Diseñar
estrategias de educación ambiental sin atender estas diferencias limita su alcance y efectividad. Por
el contrario, cuando la educación se adapta a los contextos locales y a los riesgos ambientales
propios de cada región, se convierte en una herramienta estratégica que permite transitar de una
lógica de mitigación de impactos a una de prevención y transformación. Este enfoque fortalece la
toma de decisiones informadas y contribuye de manera directa a una gobernanza ambiental más
sólida, articulada y sostenible.
De acuerdo con la UNESCO, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y
el Banco Mundial, países como Alemania, Canadá, Finlandia, Japón y Suecia son referentes globales
en educación ambiental. ¿Cuál es la razón? Han convertido la educación ambiental en una política
pública estructural. En Alemania, forma parte de las políticas de Estado; en Finlandia es un pilar del
sistema educativo nacional; y en Japón, el sector privado colabora activamente a través de alianzas
con los gobiernos locales.
Estos casos demuestran que aspirar a un futuro sostenible no basta con imaginarlo: es indispensable
accionarlo. En este sentido, para Grupo Helvex, integrar la cultura del agua y el cuidado del planeta
desde la educación básica ha sido uno de sus objetivos, buscando formar hábitos duraderos y
ciudadanos conscientes de su entorno.
Un ejemplo de cómo llevar la educación ambiental a la práctica es “Xprésate”, un programa 100%
vivencial de Fundación Helvex que sensibiliza a niños, jóvenes y adultos sobre el cuidado y uso
eficiente del agua en todos los niveles educativos. Esta iniciativa está alineada con los Objetivos de
Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, particularmente con el ODS 6 (Agua limpia y saneamiento),
el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles) y el ODS 13 (Acción por el clima); y desde su puesta
en marcha en 2009, ha capacitado a más de 33 mil personas, promoviendo no solo el aprendizaje
técnico, sino la formación de agentes de cambio en sus propias comunidades.
Pero, ¿Por qué son importantes este tipo de programas de la iniciativa privada? La razón es simple:
fortalecer programas educativos de este tipo, integrar a las escuelas y capacitar a los docentes para

impartir contenidos de eficiencia hídrica en áreas como ciencia, arquitectura o turismo, puede sentar
las bases de una cultura hídrica sólida y activa.
Incluso si se quiere ver desde un punto de vista netamente económico, estos programas hacen
sentido, pues como lo señala el informe Global Environment Outlook, invertir en el bienestar del
planeta puede generar beneficios macroeconómicos de hasta 20 billones de dólares anuales para
2070.
Por lo anterior, la participación de la iniciativa privada resulta indispensable para ampliar el alcance
y la efectividad de la educación ambiental, mediante programas, alianzas y soluciones que
complementen las políticas públicas y atiendan, como señala el PNUMA, las particularidades
sociales, económicas, culturales y territoriales de cada comunidad. Cuando las empresas asumen un
rol activo y corresponsable en la formación ambiental, el impacto trasciende la sensibilización
individual y se traduce en cambios estructurales: fortalecimiento de capacidades locales, adopción
de mejores prácticas, mayor corresponsabilidad social y una ciudadanía mejor informada, capaz de
incidir positivamente en la construcción de un futuro más sostenible.
Celebrar el Día Mundial de la Educación Ambiental con acciones reales y con la participación decidida
de los sectores público y privado, es la mejor forma de demostrar que el futuro sostenible no solo
se desea: se construye.

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