El nuevo Salmero Domingo presenta un espadín oaxaqueño que permite recorrer el origen de los ensambles de la marca, conectando Oaxaca con el Altiplano Potosino.

La historia de Salmero comienza en el Altiplano Potosino, una región áspera y luminosa donde el agave Salmiana silvestre crece entre los 2,000 y 2,500 metros sobre el nivel del mar y donde el mezcal se produce desde hace más de dos siglos. De esa tierra alta, seca y abierta surge el carácter de la marca: un mezcal que expresa con claridad el paisaje, la planta y las manos que lo trabajan.
Hoy, ese camino suma un nuevo capítulo con Salmero Domingo, una etiqueta elaborada con agave Espadín proveniente de San Pablo Larichiega, Oaxaca, que permite mirar hacia el otro origen que ha dado forma al proyecto.

Si el Altiplano es el punto de partida de Salmero, Oaxaca es el territorio donde muchas de sus historias comienzan a entrelazarse. El Espadín oaxaqueño ha sido, desde el inicio, parte fundamental del perfil de la casa: es el agave que da equilibrio y profundidad a los ensambles de etiquetas como Salmero Guadalupe y Salmero Panamericano.
Con Domingo, ese componente deja de ser sólo parte de la mezcla para revelarse por completo.
El resultado es un mezcal de perfil complejo y perfumado, donde aparecen los aromas herbales, ahumados y terrosos característicos del espadín, acompañados por notas de flores, piñón, especias y manzana verde, con un delicado recuerdo de cajeta quemada. En boca se presenta amplio y balanceado, con una textura cremosa que desemboca en un final largo, mineral y persistente.
El nombre Domingo también evoca un puente histórico entre Oaxaca y San Luis Potosí. Durante el periodo colonial, los frailes dominicos establecieron conventos en ambos territorios, llevando consigo conocimientos agrícolas y tradiciones que terminarían formando parte del paisaje cultural de estas regiones. En ese intercambio también se consolidó la producción del mezcal, una bebida que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes símbolos de México.
Pero Domingo también habla de algo más íntimo. Del ritmo pausado de ese día que en México suele girar alrededor de la mesa: comidas largas, sobremesas que se estiran sin prisa, conversaciones que se quedan flotando entre un vaso y otro. Es el momento donde el tiempo se relaja y el mezcal encuentra su lugar natural, acompañando historias, risas y silencios compartidos.
En ese sentido, Salmero Domingo no es sólo una nueva etiqueta, es una invitación a recorrer el mapa del mezcal que la marca ha ido construyendo: del espadín oaxaqueño que inicia la historia, al salmiana silvestre que define su carácter en el Altiplano.
Un viaje entre dos tierras, dos agaves y una misma tradición.
La familia Salmero
Cada expresión de Mezcal Salmero explora una forma distinta de entender el encuentro entre territorios y agaves.
Salmero Original: El corazón de la casa. Un mezcal elaborado con agave Salmiana silvestre del Altiplano Potosino, que expresa con fuerza el paisaje alto y agreste de San Luis Potosí: notas herbales, carácter profundo y un perfil limpio que refleja la identidad de la región.
Salmero Guadalupe: Un ensamble de Salmiana potosino y Espadín oaxaqueño que une dos tradiciones mezcaleras en una sola copa. Las notas herbales del salmiana encuentran balance con los matices más dulces y acaramelados del Espadín.
Salmero Panamericano: Un mezcal que celebra el encuentro entre regiones unidas por la Carretera Panamericana, a través de un ensamble de Salmiana, Mexicanito silvestre y Espadín. Una expresión que recorre distintos paisajes del agave en México.
Salmero Domingo: El nuevo capítulo de la marca. Un Espadín oaxaqueño en pureza que permite descubrir el agave que ha dado equilibrio a los ensambles de Salmero y que ahora se presenta por sí mismo, como punto de partida del viaje entre Oaxaca y San Luis Potosí.
Con la llegada de Salmero Domingo, la marca continúa trazando su propio mapa del mezcal mexicano: un recorrido que parte del Altiplano Potosino, cruza los paisajes del agave y encuentra en Oaxaca uno de sus territorios esenciales. Un proyecto que, más que sumar etiquetas, busca contar historias de tierra, tiempo y tradición en cada copa.
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