● Especialistas señalan que la felicidad no solo es una meta futura, sino un proceso que puede
desarrollarse a través del autoconocimiento y herramientas como el coaching.
● El 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, proclamado por la ONU en
2012 para reconocer el bienestar como una aspiración universal.
● Según el Informe Mundial de la Felicidad 2025, coordinado por la Universidad de Oxford,
Gallup y la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU, México se posicionó
por primera vez en el Top 10 de los países más felices.
Por: Christopher Niquén Espejo
Coach Ontológico | Certificado por Intercoach Group | Miembro de la International Coaching
Federation (ICF)
Muchas veces escuchamos a las personas decir: “Voy a ser feliz cuando…”. Cuando
termine el colegio, cuando termine la universidad, cuando consiga ese trabajo que tanto
deseo, cuando me asciendan, cuando gane más dinero, o cuando logre ciertas metas
personales. Y así, casi sin darnos cuenta, vamos postergando la felicidad, colocándola en
un punto lejano del camino, como si fuera un destino al que llegaremos algún día, cuando
finalmente se cumplan ciertas condiciones.
Sin embargo, muchas personas empiezan a descubrir algo interesante: tal vez la felicidad
no sea un lugar al que se llega, sino algo que se va construyendo. Con el tiempo muchas
personas descubren algo interesante: algunos de los momentos más valiosos de su vida
ocurrieron mientras transitaban el proceso para alcanzar esas metas, y no necesariamente
cuando finalmente las lograron.
Los mexicanos parecen haber entendido esta “fórmula”. En el marco del Día Internacional
de la Felicidad que se celebra cada 20 de marzo, la ONU, en conjunto con otras
instituciones, publicaron el Informe Mundial de la Felicidad, en la edición 2025, México logró
un hito en materia de bienestar, ya que se posicionó en el top 10 de dicho ranking.
En el informe de este año, México se colocó dentro del top 20, en la posición número 12,
siendo uno de los dos países de Latinoamérica con mejor calificación.
Pero, ¿cómo logramos la felicidad?
En muchas conversaciones sobre bienestar o plenitud suele aparecer una idea recurrente:
asociar la felicidad a determinadas condiciones externas. Un trabajo específico, un nivel
económico determinado, una relación estable o algún logro personal importante.
No hay nada de malo en aspirar a esas cosas; forman parte de los proyectos de vida de
muchas personas. Sin embargo, la experiencia —y también el acompañamiento en
procesos de coaching— suele mostrar que la forma en que interpretamos lo que vivimos
puede tener tanto peso como las circunstancias mismas. Aprender de los errores, ser un
poco más amables con nosotros mismos o entender que los tropiezos, convertidos en
aprendizaje, también forman parte del camino puede cambiar significativamente nuestra
forma de vivir cada etapa.
Quizás, más que un destino, la felicidad tenga algo que ver con la forma en que elegimos
mirar la vida. Es aquí en donde entra en juego el coaching pues con la implementación de
ciertas técnicas, es posible transformar cómo percibimos cada momento de nuestras vidas.
Algunas de las acciones que impulsa son:
1) El autoconocimiento
Dentro de los procesos de coaching, herramientas como la escucha activa, las preguntas
poderosas y los espacios de reflexión permiten que las personas exploren su forma de
pensar, reconozcan patrones que pueden estar limitándolas y así redefinan la manera en
que se relacionan con sus metas.
Cuando alguien decide realmente trabajar en sí mismo, comienzan a aparecer nuevas
preguntas: ¿qué significa para mí vivir bien?, ¿qué quiero construir en esta etapa de mi
vida?, ¿qué decisiones puedo empezar a tomar hoy?
2) Del insight a la acción
Tomar conciencia suele ser un primer paso importante, pero no necesariamente el único.
Cuando una persona empieza a tener mayor claridad sobre lo que quiere, con frecuencia
ocurre algo interesante: los sueños empiezan a transformarse en planes. Se comienzan a
identificar oportunidades, a establecer prioridades y a trazar caminos posibles.
Si bien el coaching no promete resultados inmediatos ni fórmulas universales para la
felicidad, sí puede ofrecer un espacio estructurado para detenerse, analizar la propia vida y
tomar decisiones con mayor claridad.
3) Un pequeño paso para empezar
Para quienes hoy sienten que están lejos de experimentar plenitud o bienestar, quizá el
primer paso no tenga que ser algo extraordinario. Tal vez pueda comenzar con una pausa
para reflexionar.
Preguntarse con honestidad qué está ocurriendo, qué aspectos de la vida se quieren
fortalecer y qué pequeñas decisiones podrían empezar a tomarse.
En ese camino, el coaching puede convertirse en un aliado para quienes buscan reflexionar,
redefinir su rumbo y construir una vida más alineada con lo que realmente consideran
significativo. Porque, al final, quizá la felicidad no sea algo que encontraremos algún día en
el futuro, sino algo que comenzamos a construir cada vez que decidimos trabajar en
nosotros mismos.

