● Esta primera edición que augura muchas más, estará disponible del 16 de enero al 15 de
febrero y es una apuesta de Hacienda a la innovación con rigor culinario.
● También es una deliciosa oportunidad para disfrutar de uno de platillos más tradicionales de
nuestra gastronomía, a través de propuestas distintas como el mole de guayaba (original de
Hacienda), el de tamarindo o el pastel mil hojas de mole.

Había una vez, en las tierras que hoy llamamos México, una
mezcla ancestral de chiles, semillas, hierbas y frutas que los pueblos indígenas de Mesoamérica
preparaban con devoción. Esta salsa, llamada mōlli en náhuatl —que significa “salsa” o “mezcla”—
acompañaba banquetes ceremoniales, ofrendas a los dioses y los platos más festivos de sus
comunidades. Con la llegada de nuevos ingredientes traídos desde Europa en el periodo colonial,
como la canela, la almendra y el chocolate, aquella tradición se transformó y evolucionó hasta
convertirse en lo que hoy conocemos como mole, un emblema de la cocina mexicana reconocido
como patrimonio culinario de nuestra tierra.
Es en este espíritu de tradición y creatividad que Hacienda de los Morales presenta el Festival de los
Moles, una celebración gastronómica que invita a sus visitantes a descubrir y degustar la riqueza de
uno de los platillos más representativos de México.
“El Festival de los Moles nace de una inspiración simple pero profunda: honrar la variedad y riqueza
del mole mexicano, al tiempo que se ofrece a nuestros comensales la posibilidad de elegir entre
técnicas tradicionales y propuestas innovadoras creadas por el talentoso equipo culinario de la
Hacienda”, comenta Benigno Fernández, Chef Ejecutivo de Hacienda de los Morales. “La motivación
es que cada paladar explore desde lo clásico hasta lo contemporáneo en un mismo espacio”, añade.
Para Hacienda de los Morales, el mole no sólo es un platillo; es un icono cultural y gastronómico que
representa tanto su historia como su evolución culinaria. Durante décadas ha sido una de las
preparaciones más queridas por sus comensales, y hoy se presenta como un puente entre tradición e
innovación, ya sea presentado como plato fuerte o en postre como el pastel mil hojas de mole con
frambuesa y crema de mole.

Ocho moles, ocho opciones de experiencia sensorial
En esta primera edición, el Festival presenta la novedad de que el comensal escogerá, en primera
instancia la proteína (pato, pulpo, res, etc.) y, posteriormente, alguna de las ocho variedades de
mole, cada una con el toque excepcional de Hacienda de los Morales:
-Mole Poblano (hecho 100% en casa). Considerado uno de los grandes símbolos de la cocina
mexicana, surge del encuentro entre ingredientes prehispánicos y especias introducidas en la
Colonia. Su complejidad —que integra chiles secos, semillas, especias y chocolate— lo ha convertido
en platillo ceremonial y festivo por excelencia. En Hacienda de los Morales, se elabora en casa
respetando esta tradición histórica.
-Mole de Guayaba (creación original de la Hacienda). La guayaba, fruta originaria de
Mesoamérica, aporta notas aromáticas y dulces que dialogan con el carácter especiado del mole.
Esta creación contemporánea demuestra cómo el mole es una salsa viva, capaz de reinventarse sin
perder su esencia. Es una de las propuestas más celebradas por su equilibrio y originalidad.

-Mole de Tamarindo (también creación de Hacienda). El tamarindo introduce un contraste
agridulce que enriquece la profundidad del mole, recordando que este platillo siempre ha jugado con
la armonía de opuestos. Su sabor refrescante y ligeramente ácido realza los chiles y especias. Es
una interpretación que sorprende desde el primer bocado.
-Encacahuatado. El cacahuate, ingrediente ampliamente utilizado en la cocina mexicana desde
tiempos prehispánicos, aporta cuerpo y untuosidad a este mole. Su textura espesa y sabor profundo
lo hacen reconfortante y lleno de carácter. Tradicionalmente se asocia con preparaciones festivas y
guisos de largo aliento.
-Mole Xiqueño de Veracruz. Originario de Xico, Veracruz, es conocido por su perfil donde conviven
sabores dulces y salados de manera equilibrada. Refleja la identidad gastronómica de una región
marcada por la mezcla cultural y el uso generoso de especias. Es un mole menos conocido, pero
profundamente representativo.
-Mole Negro de Oaxaca. Considerado uno de los moles más complejos de México, destaca por su
color profundo y notas ahumadas. Su elaboración requiere múltiples chiles, semillas, especias y
chocolate, tostados y molidos con precisión. Es una de las expresiones más refinadas de la tradición
oaxaqueña.

-Mole Amarillito de Oaxaca. Más ligero y aromático que otros moles, se caracteriza por su color
dorado y uso de chiles y especias fragantes. Tradicionalmente acompaña proteínas suaves y
verduras. Representa la diversidad de estilos dentro de la cocina oaxaqueña.
-Mole Verde Tradicional. De origen prehispánico, el pipián es una de las salsas más antiguas de
México y antecede al mole en su forma actual. Elaborado a base de semillas —principalmente pepita
de calabaza—, hierbas frescas y chiles verdes, destaca por su sabor vegetal y textura sedosa. Es
una expresión pura y ancestral de la cocina mexicana.
Estas opciones han sido seleccionadas pensando en distintos gustos, regiones y tradiciones,
garantizando que la experiencia sea amplia y memorable para todos los asistentes.
Por ello, el equilibrio entre respetar las recetas ancestrales y proponer nuevas expresiones culinarias
es uno de los grandes logros de este festival. Cada mole se cuida desde la selección de ingredientes
de origen y de temporada —como chiles secos, cacao de alta gama y chocolate artesanal— hasta su
preparación, para mantener viva la esencia de este platillo tan complejo y representativo.
“Más que una degustación, visitar el Festival de los Moles es sumergirse en una experiencia integral”,
comenta el Chef de Desarrollo Culinario, Raúl Mendiola. Con la llegada a la histórica Hacienda de los
Morales, donde la arquitectura tradicional envuelve a los comensales, hasta el servicio atento y los
maridajes que cada visitante puede crear con la amplia oferta de bebidas disponibles, se consigue
una vivencia única. “Este Festival en sí o cualquier visita a la Hacienda, es una experiencia redonda y
enriquecedora en sí misma”.

Disponible solamente del 16 de enero al 15 de febrero, el Festival de los Moles es una oportunidad
única para sumergirse en sabores que representan no nada más a Hacienda de los Morales, sino a la
riqueza culinaria de México. Los visitantes se llevarán consigo una experiencia inolvidable que los
invitará a regresar, ya sea para repetir sus moles favoritos o descubrir nuevas propuestas en futuros
festivales.
Para más información, reservas y recomendaciones de maridaje, visita Hacienda de los Morales, que
cuenta con su propio estacionamiento y sin costo, para que te dediques a disfrutar sin
preocupaciones, dejándote llevar por este festín de historia, aroma y sabor.
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