Cada 27 de noviembre, México conmemora el Día Nacional de la Conservación, una fecha
establecida en 2001 con el propósito de reconocer la riqueza natural del país y fomentar la
participación social en la protección del ambiente.
México es considerado uno de los 17 países megadiversos del mundo: alberga cerca del 10 % de
las especies conocidas del planeta y una gran variedad de ecosistemas que van desde selvas
tropicales hasta desiertos; sin embargo, esta riqueza enfrenta amenazas constantes como la
deforestación, la contaminación del agua y del suelo, la pérdida de polinizadores y los efectos del
cambio climático.

De acuerdo con estimaciones del Inventario Nacional Forestal y de Suelos (CONAFOR, 2018),
México pierde en promedio entre 120 mil y 200 mil hectáreas de cobertura forestal al año, cifra
que coincide con reportes de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad
(CONABIO) sobre el cambio de uso de suelo y degradación ambiental, lo que impacta
directamente en la disponibilidad de agua, la calidad del aire y la producción de alimentos.
Frente a este panorama la conservación se ha convertido en una tarea colectiva. Gobiernos,
empresas, organizaciones civiles y comunidades han desarrollado proyectos que combinan el
aprovechamiento responsable de los recursos naturales con la generación de bienestar social.
Desde la restauración de suelos y la reforestación comunitaria, hasta iniciativas de uso eficiente
del agua y la promoción de energías limpias, cada esfuerzo suma a la construcción de un país más
sostenible.
Un ejemplo de este enfoque integral es Saber Nutrir, el programa de responsabilidad social de
Grupo Herdez, que desde 2013 impulsa proyectos en comunidades rurales del Estado de México y
Yucatán para mejorar la seguridad alimentaria y promover prácticas sostenibles. A través de la
instalación de huertos, cisternas con captación de agua de lluvia, estufas ecológicas y gallineros, el
programa ha contribuido a fortalecer la autonomía productiva de más de 900 familias y a generar
ingresos locales sin deteriorar el entorno.
En el Estado de México, por ejemplo, las comunidades mazahuas han desarrollado 83 proyectos
de comercialización que durante 2024 generaron ganancias superiores a 5.9 millones de pesos,
mientras que en Yucatán se ha promovido el aprovechamiento del agua de lluvia y la
diversificación de cultivos. Estos esfuerzos muestran cómo la conservación puede traducirse en
bienestar humano cuando se orienta hacia la sostenibilidad y el fortalecimiento comunitario.
El Día Nacional de la Conservación es, por tanto, una invitación a mirar nuestro entorno con una
visión más amplia: a entender que conservar es también sembrar, enseñar y compartir. Desde una
familia que instala un huerto en casa, hasta un grupo de voluntarios que planta árboles o una
empresa que impulsa proyectos sustentables, cada acción cuenta. El gran reto de la conservación
en el país es lograr que el cuidado del ambiente camine de la mano del desarrollo social; que
sembrar, cuidar y producir no sean acciones opuestas, sino complementarias. Sólo así podremos
conservar lo que realmente nos da vida.


